Nunca pensé que fuese tan fuerte el viento, arremetiendo dulcemente mis mejillas.
Inocentemente sentí que era pasajero, que no se quedaría por mucho, pero equivoqué la vigilia.
Como si fuese otoño, botó hojas y ramas, hizo cortocircuito en mis sinapsis.
Oleadas de frío y calor, típico clima cambiante, pero que finalmente tornose impresionante.
Loza, cerros y cerros de loza, que provocaron carcajadas en la cocina.
Amar no se había sentido tan resuelto, y no me quiero quitar de encima.
Salúdame a tu madre y a tu padre por crearte tan bonito y con tan alta autoestima.
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