Para mi engreído compañero
que oculta una timidez espeluznante bajo el pelo.
Que es suave y dolorosamente tierno.
Testarudo hasta los huesos, pero manso como un ciervo.
A mi amado compañero,
a quien extraño y siempre beso, como si fuera el último día en que lo veo.
Le he amado más que a otros, siluetas deshechas en el tiempo.
Petrificado en mi mente siempre queda, no será borrado jamás de este verso.
El sonido de esa voz que me calma, y me mece como si fuera hoja,
todas las tardes de verano estirados en la cama junto a la ventana,
viendo las luces llegando a la tierra, tocándome la cabeza y mirando la pieza.
Qué placer es verte cocinar, mientras te hablo desde la puerta,
qué placer es verte hablar mientras hago como que cocino.
A ti te amo sin rodeos, de una forma completa y ensoñadora.
Te amo en los días más oscuros, cuando hasta la sombra se aleja,
porque siempre hay un roto para un descosido.
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