sábado, 3 de diciembre de 2016

Para ti.

Aquí te digo que no soy perfecta
ni las rodillas, ni los meñiques
ni siquiera las costillas.
Espero siempre tener al menos la mitad del cerebro de mi padre
y la mitad del corazón de mi madre.

Tengo la mente fragmentada
tergiversada y hambrienta.

Me río a diario y amo las carcajadas sonoras
me molestan algunos ruidos...
trata de no comer apio.

Me gusta tanto cantar, pero odio escuchar mi voz
quizás es porque a veces me odio profundamente
me he traído problemas...
me he traído locuras.

Me encariño lento, para eso sí tengo paciencia...
Tú sabes como me emociona la música
pero no has visto cuando lloro por un libro.

A mi ateísmo lo remece la fe ajena
y me trae una tristeza melancólica
digna de una entusiasta creyente.

Aún me cuesta ver la hora
y doblar mi voto en las urnas...
Me da vergüenza ver mi reflejo en los espejos
sobretodo en baños públicos.

Y sabes...
lloro mientras escribo todo esto
y ni siquiera sé el porqué.

Me aburre la comida.

Me entristecen los días nublados
porque todo el día parece de mañana
y las horas corren infinitas.

Uso zapatos en invierno
y hawaianas en verano...
a veces pienso que soy más cuadrada
de lo que creo.

Siento recelo de globos y palomas.
Me gusta llegar a la hora y me descomponen los atrasos.

No me gusta que me toquen personas inciertas.
Amo lo que estudio, pero no el método, sino el fin.
Pero el fin cada vez se aleja más y desespero.

Aunque no me creas, recuerdo a la gente por su olor
a los que han causado algún efecto en mi memoria...
a los que he querido profundamente...
y a ti también aprendí a recordarte así.

Me han quitado poco en la vida,
pero aún así tiendo a ahogarme en un vaso de agua.
Pero luego de salir de ahí, fluyo...
Fluyo porque la estaticidad mata.

Quizás lo primero que me gustó fue tu mandíbula errada.
La punta de tus dedos... y tus cejas expresivas.
Hay días que te extraño, pero también hay días en que quiero estar sola.
Cuando me dijiste que te pasaba algo parecido, creció mi cariño.

He cometido tantos errores contigo...
pero sigues ahí...
explícame el porqué.
Tienes una paciencia infinita...
y a veces con maldad la he puesto a prueba.

Me gusta el olor a madreselva...
sabes cuánto me gusta el morado
las galletas, los lápices y las guitarras...

Algún día quizás ya no te recordaré
o quizás siempre estarás ahí para no tener que recordarte...
Siempre he sido sincera en lo que siento
Pero por lo mismo, jamás ha sido fácil...











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