Me tendrás que recordar, luego ya de haber partido,
con las pupilas dilatadas y las medias corridas.
Me tendrás que recordar, hastiada del mundo y de mi sombra,
bien parida y amada por ella, hasta el cansancio amada por ella.
Me tendrás que recordar, cuando ya los platos estén bien limpios,
la cama deshecha y el pelo suelto enmarañado.
Me tendrás que recordar, cuando haya ya partido,
cuando de mí no quede más que el perfume en la almohada,
las luces de la tarde, y las hojas cayendo suavemente sobre la hamaca.
Me marcharé ya cuando ellos años atrás se hayan ido, me marcharé cuando ellos ya no estén para recordarme.
Me iré lentamente, como en un sueño.
Volando, cayendo, riendo.
Me tendrás que recordar adorando a mi hermana, mirándola de reojo, orgullosa de todo lo que ha sucedido.
Me iré tranquila, como en una película de Fellini.
Aconsejada por él, que tanto me quiso y que nunca lo pudo poner en palabras.
Me tendrás que recordar, mirando los árboles, sentada y callada, como nunca me has visto.
Me recordarás, cuando nadie te lo haya dicho.
Me vas a recordar.
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