Y pensando en el cosmos, cometí la forma...
Tu cuerpo es absoluto,
taladrado suavemente por diamantes.
Revuelto en constelaciones,
admirado por gigantes.
Nos observé disipados en el viento,
de inmóvil talante...
Te guardé en un rincón de la sinapsis,
Ahí donde quedó inherente el dorso de tu mano...
Que finalmente de ti no necesito nada,
Ni la mirada transparente,
ni la envenenada carne de las llagas.
Desde aquí mejor nos ahorramos las palabras.
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