domingo, 12 de abril de 2015

la otra.

Y esa María escondía una sonrisa olvidada
una herida ya marchita
y una felicidad naciente, menguante, fluyente.
Y aquella María esperaba la llegada de la lluvia
soñando con poetas enfermizos y países tropicales.
María se giraba a la luz de las estrellas, atónita…expectante
juzgaba la inestabilidad del mundo con los pies distantes.
Ella se perdía en cavilaciones tardías, pensamientos fragmentados…
Algún día volvería a sentir las luces palpitantes de la tarde
Se acordaría nuevamente de momentos inexplicables y palabras inexistentes

Olvidaría su mente en el limbo y regresaría triunfante.

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